"No quiero que mi teatro sea banal"

Entrevista para "La Voz Joven."

"Rats, casi un musical"

Ganadora del Florencio Sanchez al mejor musical, 2014.

"El Mate", en el Teatro La Comedia

Obra nominada en los ACE y ganador de un ATINA. La música fue compuesta por Carlos Gianni.

"Azulejos Amarillos"

De Ricardo Dubatti, dirigida por Sebastián Kirszner en el 2013.

Sebastián es director artístico de "(La Pausa) Teatral"

Realiza talleres de montaje y talleres de actuación.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Catalina Dlugi recomienda "La shikse"

Con libro y dirección de Sebastian Kirszner, es una obra llena de ternura y secretos revelados que pinta con sabiduría el mundo de una mucama, que por muchos años trabajó en la casa de una familia judía. El titulo, tal como lo aclara el programa, alude al idish y significa “muchacha no judía” y en nuestro país se aplica a la empleada domestica. Lo cierto es que la protagonista se presenta con dos amigos ante un tribunal rabínico, porque se considera con méritos suficientes como para convertirse en una judía

Quiénes

Libro: Sebastián Kirszner
Actúan: Mariela Kantor, Ignacio Goya, Sebastián Marino.
Escenografía: Nicolás Aloisio, Héctor Vidaurre
Diseño de luces: Lucrecia Peralta
Música original: Sebastián Aldea
Coreografía: Fabiana Maler
Dirección musical: Sebastián Aldea
Dirección: Sebastián Kirszner

Donde

La Pausa Teatral, Av. Corrientes 4521

Porqué sí

Porque el autor no sólo apela al conocimiento de la religión y de las costumbres de las familias judías argentinas, sino que trasciende con humor y mucha humanidad lo que siente esta mujer que ha entregado su vida para mejorar la  de esa familia, sino que también revela secretos muy bien guardados. Ella siente que pertenece a la comunidad y con mucha ingenuidad quiere legitimar esa pertenecía frente a una religión que no busca nuevos adeptos.  Un planteo original y tierno realizado con humor e inteligencia. Mariela  Kantor brilla con los matices de emoción y verdad de sus reclamos. Acompañan muy bien Ignacio Goya y Sebastián Marino. Un espectáculo gratificante.

Pag 12: El exponente de un nuevo teatro judío

La Shikse, escrita y dirigida por Sebastián Kirszner en (La Pausa) Teatral
El exponente de un nuevo teatro judío
El notable trabajo de Mariela Kantor le pone especial sustancia a la pieza de Kirszner, que con conocimiento de causa pone el foco en la discriminación que puede surgir desde el propio judaísmo a través del intento de conversión de una shikse paraguaya.
Como María, Kantor debe superar una prueba cada vez más difícil ante el tribunal rabínico. 

Hay algo de época en La Shikse, última y genial obra del director y dramaturgo Sebastián Kirszner. Algo que tiene que ver con festejar al propio verdugo, con aplaudirlo (con votarlo). En el primer unipersonal del joven teatrista, la empleada doméstica de una familia judía se enfrenta a un tribunal rabínico con el propósito de convertirse al judaísmo. Para lograrlo, deberá completar el “cien por ciento de judaísmo real”, al que intentará llegar a través de pruebas y demostraciones acerca de cuánto merece ser parte de la colectividad. En ese camino, dejará hasta el aliento por su deseo de pertenecer a un mundo que no pareciera tener mucho interés en recibirla. 
La primera víctima, la más directa, del síndrome de Estocolmo en la obra es la protagonista, María, encarnada por la exquisita Mariela Kantor. Es desgarradora, como posiblemente ninguna otra escena de ninguna otra obra del autor, la parte final de la pieza en la que la “shikse” (forma despectiva de llamar en idish a la empleada doméstica) se arrastra luego de haber entregado todo lo que tiene, todo lo que es, para que el jurado la acepte. De origen paraguayo, la mujer habrá amasado knishes (un aperitivo muy popular en las comunidades judías), habrá bailado rikudim (danza israelí) y habrá recitado cada versículo bíblico. Sin embargo, siempre faltará algún porcentaje para que el tribunal y los Sucovsky, la familia que la emplea, lo consideren mérito suficiente para poderla integrar.  
La segunda víctima, menos clara y más profunda, de aquello de aplaudir a quien te azota, es aquel famoso tribunal que, a falta de un coro de actores que lo interprete, es ni más ni menos que el público. Ya había pasado en la anterior obra de Kirszner, El ciclo Mendelbaum, que la identidad judía se abordaba de una forma crítica e irreverente y que el espectador judío que la veía se reía de sí mismo, de sus miserias. Pero en La Shikse eso se potencia a un nivel que  ameritaría casi un estudio sociológico: cuanto mayor es la crítica, cuanto más ahonda el director sobre la discriminación, el machismo y la diferencia de clases de cierta elite judía, mayor es la risa entre esa misma parte del público. Un fenómeno irónicamente conmovedor.
Hay dos opciones: o el mensaje no se entiende o es mejor reír que aceptar. La primera es realmente poco probable, porque la pieza conjuga en dosis justas la sutileza del lenguaje y de la metáfora con la crudeza de la actuación de la actriz, que encarna a un personaje tan sufrido que no da lugar a dudas: la obra no es una comedia sino un drama desolador. La segunda pareciera más factible e invita a pensar en los múltiples efectos que el teatro puede tener sobre el espectador. Una hipótesis es posible: ver La Shikse es como encarar una terapia para hablar de las cosas que están mal. Cuesta, duele, uno se hace el que no pasa nada, se escapa o se ríe, pero a la larga alguna pregunta va a aflorar. Quizás después de ver la obra eso le pase a aquella elite, quién sabe. Después de todo, esa es la magia de la experiencia teatral. 
¿Es La Shikse sólo una obra para judíos? De ningún modo, pese a que como bien ha dado en llamar la investigadora del Conicet asociada al espectáculo, Paula Ansaldo, Kirszner está trazando los primeros pasos de un “nuevo teatro judío”. De todos modos, sí será distinta la experiencia entre quienes son judíos y quienes no. Mientras que los primeros entenderán todas las referencias, los intertextos, los chistes, para los otros la obra presentará más “agujeros” para llenar. Una cosa quedará clara para todos: siempre es muy interesante la manera en que una cosmovisión particular es abordada desde el campo de lo teatral. 

La shikse: La Nación **** MUY BUENA

Comedia sobre lo judío

LUNES 19 DE JUNIO DE 2017
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PARA LA NACION
Mariela Kantor y los músicos
Mariela Kantor y los músicos.
La shikse / Dramaturgia y dirección: Sebastián Kirszner / Intérpretes: Mariela Kantor, Ignacio Goya, Sebastián Marino / Escenografía: Nicolás Aloisio, Héctor Vidaurre / Iluminación: Lucrecia Peralta / Música original: Sebastián Aldea / Coreografía: Fabiana Maler / Sala: (La pausa) Teatral, Corrientes 4521 / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión:muy buena
El año pasado, Sebastián Kirszner estrenó El ciclo Mendelbaum. La obra sigue en cartel y no estuvo exenta de polémica. Según algunos teóricos, era el puntapié inicial de un nuevo teatro judío, uno que le hablaba a una generación ya no centrada en la nostalgia, sino que piensa su identidad de forma irreverente. Otros lo consideraron un gesto provocador. La shikse continúa este derrotero alrededor de la construcción de lo judío desde la actualidad tratada con humor, canciones y mucho juego.
En la Argentina, shikse es una forma un tanto despectiva que usa la comunidad judía para referirse al personal doméstico. La palabra proviene del idish y, en sentido estricto, refiere a la mujer que no respeta los preceptos religiosos. La obra de Kirszner trata de una de estas mujeres, María, que vino del Paraguay y vivió la mayor parte de su vida ocupándose de la casa y los hijos de la familia Sucovsky. Ha compartido sus viajes y aprendido sus costumbres. Al iniciar la obra, desea que el público le permita convertirse al judaísmo. A diferencia de otras religiones, el judaísmo no es misionero, no busca sumar adeptos en forma demasiado explícita, por lo que para hacerse merecedora de esta nueva condición deberá probar sus dotes judaicas. Cada knishe amasado, cada rikudim bailado, cada versículo bíblico aprendido la acerca al 100% de judaísmo real al que aspira llegar. Así, la obra es una exposición de los hitos que marcan la pertenencia a una tradición no heredada, pero sí compartida. Asistida por dos músicos que juntan el virtuosismo en la ejecución de sus instrumentos con la capacidad de tocar sin salirse del personaje, la obra despliega una serie divertidísima de cuadros.
La escenografía consiste en un gran trono con una estrella de David. Ese espacio se reformulará varias veces, transformándose en una cocina o en una pensión. Fuera de los aciertos en este campo, el vestuario y una correcta iluminación, La shikse es una obra que se define por el trabajo de su actriz protagónica y en ese punto Mariela Kantor se destaca. Su simpatía gana a la platea de inmediato, consigue abrir el juego todo el tiempo, hacer participar al público sin ser invasiva, es una actriz completísima, generosa en su entrega y precisa en su ejecución. Muestra un amplio rango emotivo, sabe pasar de los momentos risueños livianos a una conmovedora profundidad en transiciones bien armadas, guiada por una dirección que sabe seguirla más que ponerle límites. Aunque el personaje invita a la caricatura, Kantor nunca cae en eso. La historia de María es, además, goi friendly. Trasciende la referencia específica a la comunidad judía y deviene universal para todo el que se pueda sentir relacionado con esta mujer que postergó su propia vida para hacer felices a otros y que, en ese camino, se encontró a sí misma.
Graciosa y emotiva, La shikse propone un acercamiento descontracturado a las formas de relacionarse con una tradición. Esta insistencia tiene, también, marcas de autor que Sebastián Kirszner está desarrollando como joven y prolífico representante del teatro nacional. Es bastante más que una comedia cuya finalidad única sea la risa, entretiene sin ser superficial, con maestría va trazando debajo de cada carcajada una reflexión profunda acerca del problema universal de pertenecer.

jueves, 8 de junio de 2017

El Ciclo Mendelbaum: mejor musical argentino (Premio Florencio Sanchez)



Rita Terranova y Pepe Soriano fueron distinguidos anteanoche en el teatro Regina con los principales galardones de los premios Florencio Sánchez, que reconocen la actividad teatral realizada durante 2016. La ceremonia tuvo a un lúcido y brillante conductor: Diego Reinhold, quien evitó la solemnidad, puso humor y le dio al encuentro el carácter de una reunión de amigos. Los asistentes, agradecidos.
La Casa del Teatro premió a Terranova por su rol en En boca cerrada, de Juan Carlos Badillo, producto de una selección ardua en la que también estaban candidateadas, bajo la categoría Actriz protagónica, Silvina Bosco (Tres, de Juan Carlos Rubio), Marta Lubos (El diccionario, de Manuel Calzada Pérez), Leonor Manso (Esposas de dictadores I, de René Pollesch) e Ingrid Pelicori (Todas las cosas del mundo, de Diego Manso, y Decadencia, de Steven Berkoff).



Por su parte, Soriano (El padre, de Florian Zeller) se impuso en su rubro Actor protagónico sobre Marcelo Bucossi (Los derechos de la salud, de Florencio Sánchez, y La tempestad, de Shakespeare), Horacio Peña (Animales nocturnos, de Juan Mayorga, y Decadencia, de Steven Berkoff), Nelson Rueda (Las noches blancas, de Ariel Gurevich) y Alejandro Awada (Un hombre equivocado, de Roberto Cossa).
Fueron emotivos los dos discursos finales del director y docente teatral Raúl Serrano y de Fernanda Mistral, una dama de la escena. Ambos se ganaron sentidos aplausos en la platea al recibir sus premios a la trayectoria.



Cristina Dramisino ganó como Mejor actriz de reparto por su trabajo en En boca cerrada, mientras que Jorge Noguera ganó como Mejor actor de reparto por sus trabajos en Operación Otelo y Tarde, de Fabián Saad.
En los rubros de obras para un solo personaje ganaron Marilú Marini (Todas las canciones de amor, de Santiago Loza) y Mariano Mazzei (Sola no eres nadie, de Natalia Villamil).



Una joven dupla de dramaturgos se llevó la estatuilla como Mejor autor argentino. Ellos son Lionel Arostegui y Lautaro Metral, por su trabajo de La mar chiquita. Entre los rubros musicales, El ciclo Mendelbaum, de Sebastián Kirszner con música de Sebastián Aldea, ganó en Mejor musical; en tanto Karina K (Yiya, el musical) y Federico Salles (Franciscus) ganaron en los rubros interpretativos.
Jorge Azurmendi (ausente por estar de viaje) se llevó el premio a Mejor director por Independencia y En boca cerrada. Por otra parte, en los rubros técnicos ganaron Tito Egurza, por la escenografía de El padre; Gonzalo Córdova, por las luces de Todas las cosas del mundo, y Alicia Levy, por su vestuario de Operación Otelo. La revelación fue Juan Santiago (Todas las cosas...) y el Mejor espectáculo extranjero fue The Funamviolistas.

También hubo menciones especiales a El excéntrico de la 18 por sus 30 años de actividad, el Centro Cultural Recoleta, el grupo La Runfla y el FOT (Festival Ópera Tigre).